Felipe N. Arana



— Regreso del jíbaro —

¡Tierra del morador de la montaña
que la avaricia sedujera un día,
y desahuciando al ñame y la yautía
cerró el atrecho y te sembró de caña!

¡Tierra que profanó la telaraña
que traza el “Caterpillar”! ¡Tierra mía!
¡Tierra-Cristo, que el déspota exprimía
para extraer riquezas de tu entraña!

¡Tierra del panapén, tierra del guano,
volverás a sentir la noble mano
del campesino montaraz y adusto

devolviendo caricias por tus mieses
y lograrás estar. como otras veces,
llena de amor, y parirás a gusto!

¡Tierra del abra honda y la maleza,
tierra del batatal y del repecho,
ofrece la tibieza de tu pecho
al jíbaro exilado que regresa!

¡Vuelve a llevar verduras a su mesa
que a ese preciado bien tiene derecho,
y pronto vas a oír, en tu provecho,
las coplas que disipen tu tristeza!

Ya el boricua dejó de ser esclavo
del oprobioso y pertinaz centavo.
Hará que todo el mundo te respete,

al extremo, que si te ve ultrajada,
echando a un lado la prudente azada,
defenderá tu honor con el machete.

* * *

— Seña Chencha —

Es negra, descendiente de rollizos.
Teje esteras y sombreros de paja.
Lee los viernes la suerte en la baraja,
pega ventosas y prepara hechizos.

Su cabeza la oculta roja faja.
Trenzas y polizón lleva postizos,
y le vende a los novios primerizos
sus recetas. Cosa de gente baja.

Aunque es vieja le quedan todavía,
dos colmillos en la inferior encía.
Siempre por distraída que se vea,

si en la conversación que alguien enhebra
oye mentar la bíblica culebra
se apresura a decir: "Lagarto sea".

* * *

— Confusión de luz —

Cuando por las noches contemplas el cielo
donde sus encajes exhibe la nube
que a veces se extiende cual si fuera un velo
y otras se repliega cual si fuera un ave,
y el rosal celeste de luces se cuaja,
un brillor intenso el espacio ilumina.
Pero no se sabe
si es fulgor que baja
o fulgor que sube.
¡Cualquiera adivina!
Porque es imposible, ¡oh, vanos antojos!
al mirar tus claras pupilas tan bellas
y al ver en el cielo tantos guiños rojos,
decir si iluminan tu faz las estrellas,
o saber si ellas
rutilan al beso de luz de tus ojos.

* * *

Felipe N. Arana nació en Hatillo en el año 1902

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