Juan Bautista Vidarte



— Al sol —

¡Oh, sol resplandeciente!
¡Con cuánto gozo báñase natura
en tu luz esplendente, clara y pura!
¡Oh! La divina llama
que destella tu frente,
cuán presto se derrama
por el extenso suelo,
rasgando de la noche el negro velo.

¡Divino sol! La aurora
en aliento de rosas empapada,
sigue tu huella de luces circundada,
rasga su oscuro manto
la noche aterradora,
el ruiseñor su canto
rompe suave y gozoso,
al destellar tu rayo fulgoroso.

Todo el orbe renace
del sueño en que pesada le envolvía
la quietud muda de la noche umbría.
Despierta el ave canta.
Libre la oveja pace.
Y el mortal se levanta
de su letargo inerte
que remeda la imagen de la muerte.

Y en tanto el velo ornado
del torrente creador de tu lumbrera
extiendes por la inmensa y rica espera;
y el pronto resonante
queda a tu luz bañado,
no siéndote bastante
para seguir tu vuelo,
el luciente, azulado y claro cielo,
que ardiente y coronado
de rayos inflamados, cristalinos,
y cubierto con trajes purpurinos,
divides rutilante,
y en tu carro dorado
te meces incesante
precedido de aurora
que de puro zafir tu sien colora.

Cual tu luz argentada
el firmamento y todo lo ilumina
con tu fulgente llama purpurina
cuando tú levantando
tu frente nacarada
la esfera vas dorando
y la noche estrellada
ahuyentando tu marcha reposada.

Así de luz ceñido
y de plácidas nubes circundado
arde el cielo en tus llamas inflamado;
así todo te adora:
el náufrago batido de las olas,
te implora y tu grata luz mira
cuando en el mar el huracán expira.

Mas tú, ¡ oh, astro glorioso!
con tu sagrada lumbre, en un momento
bañas de claridad el firmamento
ya separando el día
celestial, dulce, hermoso,
de la noche sombría;
mientras rápido vuelas
y el cielo con tus puras luces velas.

Y del divino cielo
mil tenebrosas nubes que se cruzan
la noche al asomar, se desmenuzan
al disfrutar siquiera
de tu rápido vuelo
la llama postrimera
que despides gozoso,
al recoger tu manto luminoso.

Y al hundirte en poniente
las olorosas flores se amortiguan,
las donosas palomas se apaciguan,
su canto melodioso
finaliza el doliente
ruiseñor y el glorioso
nido buscan, tu llama
expirando en la hermosa y alta rama.

* * *

Juan Bautista Vidarte nació en Humacao en el año 1826

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